Capítulo 2: Libertad Despertar Historias de Yami

Despertar ~ Capítulo 2: Libertad

8/09/2012Yami Krismiya


Solamente Jared habló con Ventade, nosotros esperamos afuera, expectantes ante lo que iba a ocurrir.

Tan sólo habíamos cinco híbridos. Daniel, Dante, Cammie, Jared, Vincent y yo. Éramos más, pero seguramente algunos aún no han podido ser contactados y otros vienen en camino. Ninguno de nosotros recuerda bien qué pasó, ni cómo vivía antes de trabajar para Ventade, ni siquiera sabemos si estos nombres que usamos son los verdaderos, simplemente un día cada uno escogió cómo quería ser llamado, para solucionar el lío que se armaba cada vez que hablábamos.

Recuerdo que cuando llegué aquí me sentía muy triste y sola, creo que caminé por días en medio de una oscuridad que no me dejaba ver ni la punta de mi nariz, sintiendo el frío de este abismo, la soledad y el miedo. De vez en cuando, la desesperación me vencía y me ponía a gritar con toda la fuerza que mis débiles pulmones y mi seca garganta podían ofrecer. A todo ese temor de no saber dónde estaba, sumale la incertidumbre de no saber quién eres, de dónde vienes, ni cómo llegaste aquí. Habían días en los que me acurrucaba en el inexistente suelo llorando, mientras me preguntaba si había alguien buscandome en ese momento, tal vez alguien que me quisiera, o que tuviera algún compromiso conmigo, pero a medida que pasaban los días me daba cuenta que nadie iba a venir.

Fue en uno de esos días cuando me encontraron, recuerdo bien que sentí unos brazos sujetándome con fuerza y levantando mi cuerpo hacia arriba, sentía que mi rescatista daba pequeños saltos que nos elevaban, lentamente comenzó a aparecer un poco de luz tenue y me di cuenta en qué clase de sitio me encontraba.

Me sentí mareada y preocupada, miré a todos lados en busca de una salida, hasta que mi mente asimiló la idea de que nunca iba a salir de aquí, estaba atrapada, no había forma. Entonces busqué a la persona que me había salvado, con la esperanza de que él tuviera algún artefacto mágico para escapar, mas no era así. De todas maneras, cuando vi al chico rubio y alto parado frente a mi, supe que al menos ya no estaba sola.

El nombre de este chico era Jared y desde entonces lo he visto como un líder, él me enseño a sobrevivir en este mundo misterioso, a defenderme y a cazar a los seres que habitaban este sitio, me explicó el funcionamiento y las reglas que debía seguir para permanecer con vida, hasta que finalmente aprendí a vivir aquí.

Yo era feliz. No sabía de dónde venía ni quién era, pero estaba feliz porque no estaba sola.

Y con el tiempo llegaron más personas a este mundo, cada uno con los mismos miedos y preocupaciones, heridas que con apoyo y compañía sanaban rápidamente. Éramos como una familia, una especie de hermandad, nuestros lazos parecían irrompibles. Parecían.
La melancolía de recordar siempre me agobiaba, desde hace mucho yo había dejado de meditar sobre mi vida y había actuado de acuerdo a mis instintos, lo que se resumía en cazar, comer, evitar que te coman, dormir y descansar. Aunque de vez en cuando recibía visitas de mis antiguos camaradas, como la que recibí hoy por parte de Dante y Daniel.

Jared salió del cuarto donde había estado hablado con Ventade y nos miramos a la cara después de años. Su cuerpo todavía conservaba esa contextura fuerte y atlética con la que me había ayudado a sobrevivir, tenía unas cuantas cicatrices extra en el rostro y en los brazos. Su pelo rubio y ondulado había crecido bastante, lo que indicaba que hacía mucho que no visitaba a Vincent, quien tenía unos metales mágicos que cortaban toda clase de cosas, incluyendo el cabello. Reconozco que yo tampoco había cortado mi pelo desde hacía un tiempo, me había limitado a usar una especie de cordel que Vincent encontró por ahí años atrás, me había dicho que las mujeres humanas lo usaban para sujetarse el cabello y reconozco que era un mecánismo que funcionaba bastante bien.

Cuando escuché la voz de Jared dando los detalles de nuestra misión, sentí otra vez esa melancolía de recordar el pasado, su voz aún conservaba ese tono firme y autoritario con el que nos había dirigido antes.

Lo que teníamos que hacer era muy simple: ir al mundo humano y traer otro híbrido al Soumnoss. Había algo misterioso en todo esto, ya que nunca nos habían hecho ir a buscar a nadie a la tierra humana. Según Jared, este era un caso especial, pues tenía sangre del mismo Ventade, pero aún así había algo en todo esto que no me gustaba.

Sin embargo, no había mucho que pudiera hacer, simplemente yo era sólo una sierva que debía obedecer ordenes.

Ya sabíamos como salir de aquí, nadie nos guió ni nos ayudó, los sirvientes de Ventade pasaban ignorando nuestra presencia y de vez en cuando nos dirigían miradas llenas de miedo y terror, en algunos casos.

Llegamos al límite del Soumnoss, como teníamos permiso de abandonar el sitio, no tuvimos problemas en hacer aparecer lo que parecían pequeños trozos sólidos en medio del vacío. Algunos decían que si no pisabas esos pedazos grises que flotaban sobre la nada, caerías por un pozo sin fondo eternamente, de castigo por intentar huir sin autorización.

Yo fui la tercera en pasar, después de Jared y Cammie, los gemelos y Vincent iban detrás de mí. Presté especial atención en cada salto, aunque estaba acostumbrada a desplazarme en este mundo dando grandes zancadas, tenía miedo de caer en el profundo vacío. Lo peor era que las piedras no estaban fijas, sino que se movían de un lado a otro cuando aterrizaba en ellas, lo que le agregaba más tensión a la situación.

Fueron por lo menos unos veinte tormentosos saltos, en los que miraba hacia abajo y sentía como el estómago se me revolvía pidiendo que por favor no me cayera. Hasta que por fin, llegué al último fragmento sólido, el más firme de todos, fue el único que no se movió de un lado a otro cuando aterricé en él, en vez de eso, vi como a mi alrededor comenzaba a aparecer un verde y suave pasto, los árboles crecieron a mi alrededor y una luz brillante me cegó, era probablemente lo más luminoso que había visto en mi vida hasta ahora, y lo más emocionante también.

Pude haber llorado de la emoción al sentir este aire puro y limpio, no como esa fría y densa atmósfera del Soumnoss, sentí que la gravedad sujetaba a mis pies, de seguro ya no iba a poder saltos tan altos, pero al menos ya podía ver con claridad, tanta luz hacía que me dolieran los ojos que constantemente había mantenido cerrados, pues no había diferencia entre tenerlos abiertos o cerrados, pero ahora sí. Ahora podía ver, podía oler, podía oír cosas nuevas. Era tan maravilloso.

Escuché a Cammie gritar emocionada a mi lado:—¡Llegamos!

Así era, habíamos llegado. Y se sentía bien, era una sensación tan hermosa, una alegría que no tenía comparación.

—¡Atención!—, pidió Jared una vez que todos estuvimos fuera, su voz continuaba sonando seria, pero yo lo conocía y en sus ojos pude ver que estaba se estaba conteniendo la emoción.—Necesitamos encontrar un refugio antes que nada, conseguir alimentos y medios de como abastecernos. Vincent, ¿qué sabes respecto al tema?

—Necesitamos una vivienda y unos papeles llamados dinero, los humanos intercambian estos papelea a cambio de cosas materiales—, explicó Vincent.

—¿Cómo conseguimos esos papeles?—, pregunté.

—Trabajando, sirviendo a otros humanos que te dan dinero. Pero necesitamos otros papeles para identificarnos.

—¿Es mi idea o los humanos le dan mucho valor al papel?—, preguntó Daniel. Vincent se encogió de hombros.

—¿Alguna de estas cosas nos sirve?—, preguntó Jared, entregándole un montón de papeles a Vincent, con distintos tipos de letras escritas.
Me acerqué a mirar, curiosa, y me sorprendí de mi misma al darme cuenta de que entendía todo lo que estaba escrito. En ese momento, un montón de información me golpeó, caí al suelo sorprendida, estaba temblando mientras un montón de imágenes rápidas corrían por mi cabeza.

Y recordé. Recordé todo, pero no se parecía a los papeles que Jared había traído, estos eran distintos, pero el sistema era similar.

Caí al suelo gritando desesperada, todos se acercaron e intentaron calmarme, pero no había modo de que me tranquilizara. Estos eran mis recuerdos, estoy segura, me dolían, eran imágenes que me causaban una tristeza indescriptible. Un vacío en mi pecho y un nudo en mi garganta se abrían paso, me estaba quedando sin voz de tanto gritar, pero mi desesperación convertía esas incomodidades en detalles insignificante.

Primero veía a un hombre sentado en su escritorio, luego a una mujer tocando el piano, había una sala de estar con un retrato de seis personas, los objetos eran fáciles de diferenciar, pero la gente en mi memoria no era muy nítida, a pesar que se entendían como figuras humanas. No distinguía ninguno de los rostros, solo veía pasar sus siluetas de un lado a otro en mi mente. También llegaron a mi mente muchos conceptos, costumbres y otras cosas que había olvidado. Hasta que finalmente pude ver los rostros curiosos de mis compañeros rodeándome y lentamente volví a integrarme, me calmé un poco antes de explicar qué había pasado.

—Ventade dijo que esto podía pasar,—explicó Jared.—Son recuerdos reprimidos, cualquier cosa que os recuerde su pasado les hará recordar lo que eran antes de caer al Soumnoss.

—¡Eso es fantástico!—, exclamó Cammie.—Es nuestra oportunidad de saber quiénes somos.

—Hay algo que no me calza—,argumentó Vincent.—Yo he pasado toda mi vida en el Soumnoss investigando la vida de los humanos y hasta ahora ningún objeto me ha traído recuerdos.

—Tal vez aún no encuentres algo que realmente te haya sido valioso o a lo mejor es un efecto que sólo se consigue aquí—, opinó Daniel.

Aún me sentía mareada y preocupada, los recuerdos que había tenido no eran tristes y sin embargo, me producían un terrible dolor, como si algo horrible hubiera pasado en aquel entonces.
Caminé hasta la ciudad junto a mis compañeros, pensando en qué había pasado con esas personas a las cuales solo podía ver como siluetas negras entre mis recuerdos.


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