Capítulo 4: Visitantes Inesperados Despertar

Despertar ~ Capítulo 4: Visitantes Inesperados

9/04/2012Yami Krismiya



Pasaron tres días, no teníamos ninguna pista real de dónde encontrar al híbrido. Los recuerdos de Daniel y Dante eran trasmitidos principalmente dentro de un bosque, Cammie tuvo un recuerdo en un lugar similar a una fábrica, según lo que ella describe. Yo no había tenido más recuerdos desde entonces, Vince y Jared no habían tenido ningún flashback hasta ahora.
Poco a poco me acostumbraba más a este mundo, a las sensaciones, los olores, ya sabía qué comidas me gustaban y cuáles no, había aprendido sobre muchas cosas y también ya conocía mejor la ciudad. Me enteré que se llamaba California, estábamos en Norteamérica, me preguntaba cuán lejos me encontraba de mi ciudad natal. Mi mala costumbre de mantener los ojos cerrados no había desaparecido, pero eso sólo era un detalle.
Era de noche ya, me encontraba fuera del hotel, en la copa de un árbol haciendo guardia, según Cammie, ayer había visto una figura similar a la de un monstruo del Soumnoss, asique salimos investigar cuando oscureció. Esta era la mejor hora para atraparlo, la ausencia de luz hacía que este sitio se pareciera un poco a la zona más iluminada del Soumnoss, donde podríamos tener más ventaja.
Yo sentí el cambio cuando me preparé para atacar, era como si la oscuridad me prepara para cazar, era la costumbre de estar siempre sumida en un mundo oscuro, mis oídos eran aún más agudos, mi nariz podía reconocer todos los olores en el aire y diferenciarlos. Volvía a ser la cazadora de sangre fría que había el Soumnoss, con la diferencia de que ahora no estaba sola, aún en la distancia podía escuchar los latidos nerviosos de mis compañeros, sabía que si abría los ojos los iba a ver cerca de mi, nuevamente éramos un equipo.
Todo era silencio, a excepción de los sonidos típicos de la ciudad, todo estaba tranquilo.
—Si no supiera que no es así, pensaría que Sara se quedó dormida,— escuché las risas de los gemelos dos árboles más allá.
Un ruido extraño. Abrí mis ojos. El olor a muerte comenzó a extenderse. No, esto no era olor a muerte, era el olor del Soumnoss mezclado con algo más, algo que no conocía, pero que no me iba a detener a averiguar. Salté de rama en rama, aunque aquí la gravedad era una molestia, aún podía saltar bastante alto.
Escuchaba el suave sonido de las ramas crujiendo bajo mis pies, casi de inmediato daba el salto hacia otra rama, era una suerte ser tan ligera y rápida, probablemente era más veloz que una humana e incluso, un monstruo del Soumnoss.
Cuando me acerqué a él, junté mis manos y saqué mi espada para estar lista para atacar. Mi enemigo era similar a un lagarto, su piel era verdosa y tosca, tenía ocho pequeñas piernas de cocodrilo, pero la punta de sus dedos era como diminutos tentáculos de pulpo. No tenía ojos, parecía que se los hubieran arrancado, lo cual le daba un aspecto grotesco a su rostro. Su boca era larga, con unos afilados dientes que no se molestaba en ocultar. Y su cola era el doble de larga que su cuerpo. Un hermoso espécimen recién sacado del Soumnoss.
Un resplandor pasó veloz por mi lado, ya conocía estas flechas hace mucho tiempo: eran de Cammie, su arma era un arco de madera y sus flechas se creaban cuando ella tensaba la cuerda para disparar, aparecían de la nada, brillando corrían por los aires tan rápido que apenas eran visibles a pesar de la luz que emitían. Mi amiga arquera nunca había fallado un tiro y esta vez no fue la excepción.
La flecha cayó sobre la larga cola del monstruo, imposibilitando que se moviera y otorgándonos un punto de ventaja. El lagarto abrió su boca en un desgarrador grito, en una situación distinta, habría esperado un poco hasta estar segura, pero ahora la prioridad era silenciar al enemigo para que no atrajera a los humanos que podrían estar cerca, por lo que me apresuré en atravesar con mi espada su gran hocico, cerrando sus labios como si mi arma fuera un gran botón o una estaca que mantuvo unidas a sus mandíbulas.
Con eso ya eran dos puntos a nuestro favor, el gran lagarto ya estaba inmovilizado y ni se había dado cuenta de qué lo había atacado.
—Esto se ve delicioso,— reconoció Dante cuando todos nos reunimos al rededor del monstruo.—Podría comérmelo entero.
—Yo también quiero mi parte—, exigió su hermano.
—Uhm... Está bien, mitad y mitad. Yo la carne y tú los huesos—, respondió Dante después de pensarlo un poco.
—Por algún motivo no me parece justo—, refunfuñó Daniel.
—Les dan comida gratis en el hotel todos los días y aún no se satisfacen—, suspiró Jared.
—No es que la disfrutemos mucho, la gente siempre nos mira raro,— por algún motivo presentí que Daniel se refería a mi y a mi costumbre de cerrar los ojos.
—Claro, como si ver a dos personas exactamente iguales no es motivo de asombro,— me defendí.
—Tampoco fue muy agradable que llegáramos con nuestra ropa toda roída el primer día—, observó Cammie.
—Más extraño aún es tener esta cosa aquí, ¿Cómo si quiera pudo salir del Soumnoss?—, intervino Vince.
—Me sorprende que no te hayas caído al subir los mágicos escalones rumbo a la superficie,— observó Jared, quien ya se había subido al lomo de nuestra presa y ahora le hablaba como si fuera una persona.—Algo me dice que nunca pasaste hambre dentro del Soumnoss.
—Me sorprende que si quiera haya podido hacerlos aparecer,— añadí.
—Ventade no te dijo nada al respecto, ¿verdad?—, la pregunta de Cammie era para Jared.
—Si quería asegurarse de que no pasáramos hambre pudo haber escogido otros medios, enviarnos nuestro almuerzo no me parece muy buena idea, además la comida casera no es mi preferida—, reconoció Jared.
—Nada como el sabor al hogar—, suspiró Dante.
—Si es que al Soumnoss se le puede llamar hogar—, añadí.
— ¿Y qué haremos con el invitado no deseado?— preguntó Vince.
—No me parece buena idea desperdiciar la comida,—respondió Daniel.
—De todas maneras, no podemos dejarlo vivir,— dijo Jared sacando su enorme sable de su muñeca, se acomodó en el lomo de la bestia que se movía de un lado a otro, sabiendo qué destino era el que le esperaba. Jared volvió a hablarle como si fueran viejos amigos:—Lo siento, Beatrice, lo nuestro no funcionó.
—¿Es mujer?—, preguntó Daniel.
Jared se encogió de hombros en respuesta, antes de enterrar su enorme espada en el animal, atravesando su carne y luego desgarrandola, haciendo que su sable se deslizara por su piel en una fina línea, desde su cuello hasta la altura de sus hombros. La sangre comenzó a deslizarse por los costados del monstruo, como si fuera una cascada roja cayendo delicadamente. Cerré mis ojos, la escena me resultaba totalmente grotesca, ya tenía suficiente con el terrible olor a sangre y muerte que se había esparcido en el aire.
Escuché el sonido de la espada de Jared deslizandose fuera del cuerpo del monstruo, los gemelos se apresuraron en arremeter contra la presa, pero Vincent los detuvo con la excusa de que tenía que examinar el cuerpo primero, en realidad era cierto que algo no estaba bien.
Me senté en el pasto y esperé a que Vince terminara de examinar el cadáver para que pudiera irme. Era vergonzoso para alguien que ha vivido toda su vida rodeada por el olor a la muerte, matando despiadadamente a sus presas para luego deborarlas, reconocer que era intolerante a la sangre.
—Hay otro olor en el aire,— escuché decir a Jared.
—Ya examiné el sitio y no encontré nada extraño—, dijo Cammie.
—No tiene nada extraño,— gritó Vincent refiriendose al monstruo que acabábamos de cazar.
— ¿Podemos comer ya?—, preguntaron los gemelos a coro.
—Es todo suyo.
—Esto es un problema, si los monstruos vienen, si encontraron una forma de salir del Soumnoss...—, dijo Cammie al día siguiente, mientras comíamos.
—Adivinen chicos,— anunció Vince llegando a la mesa sentí el aroma del periódico que traía.—Esto es el extraño olor de anoche.
Abrí los ojos para leer el titular, pude sentir las nauseas con solo imaginar la escena: Hombre permanece en estado crítico luego de ser encontrado. Debajo había una imagen del sitio en el que habíamos estado ayer.
—¿Qué significa eso?—, pregunté.
—Encontraron a una persona con el cuerpo y el rostro totalmente desfigurados, de seguro el monstruo de ayer se divirtió jugando con el pobre humano antes de comerlo, nuestra llegada le dio tiempo de escapar, pero no pudo llegar muy lejos.— Explicó Vincent.
—Oigan, ¿este no es el tipo al que le pedimos indicaciones cuando llegamos aquí?—, preguntó uno de los gemelos señalando a la foto de la víctima que había en una esquina.
Hice un esfuerzo por recordar, efectivamente el día en el que habíamos llegado nos encontramos con un jardinero, de unos cincuenta años, trabajando cerca de donde aparecimos, era viejo para ser un humano, su rostro tenía muchas arrugas y su cabello estaba canoso, pero aún se movía cono si tuviera veinte y no cincuenta. Le pedimos indicaciones y al vernos tan perdidos se tomó la molestia de llevarnos al hotel donde nos quedaríamos.
Sentí lastima al saber que una persona tan amable había sido atacada por una de las cosas más despiadadas que existen, me sentí culpable y con deseos de revivir a ese estúpido monstruo para darle una muerte mucho más dolorosa de lo que la tuvo, pero me resigné pues, la criatura ya estaba muerta.
—¿Van a ordenar algo más?—, interrumpió la camarera, la única valiente que siempre se atrevía a atender a los huéspedes extraños del hotel, ningún otro mesero quería meterse con nosotros, en realidad nadie en el hotel quería, los comentarios siempre llegaban a mis sensibles oídos.
Simplemente le pedí un té a la chica que se esforzaba por poner su mejor sonrisa, los demás pidieron lo suyo, Vince que acababa de llegar fue el que más pidió, sin embargo creo que ninguno de nosotros tenía hambre ya, claro, eso si excluíamos a los gemelos que parecía que no se iban a saciar nunca. Nadie dijo nada durante la comida, tal vez todos teníamos un cierto pesar, nos sentíamos culpables por el viejo.
Regresé a mi cuarto desganada, Jared había dicho que hoy no saldríamos a buscar al otro híbrido, asique tenía toda la tarde para mí y no tenía idea de qué hacer.
—¡Hola!—, exclamaron los gemelos al unísono.
—Piérdanse, hoy no tengo ánimo,— les respondí abriendo la puerta de mi habitación.
—Hemos venido a proponeos algo, querida doncella,— dijo Daniel poniendo un extraño acento español.
—Ha visto demasiada televisión, — explicó Dante.
—Dejadme ser, eso que decís no es importante, puesto que hemos venido a ofreceos una oferta que usted no podrá rechazar.
Enarqué una ceja, aunque no los veía sabía perfectamente en qué dirección estaban.
—Mira, todos sabemos que Vincent es un maldito sábelo-todo y que tiene cosas extrañas en su cuarto que siempre nos sanan cuando estamos heridos,— las palabras de Dante llamaron mi atención.
—Hemos venido a pedir vuestra cooperación, para poder tomar esos mágicos productos y poder llevárselos al hombre que nos espera en aquella institución llamada hospital,— Daniel seguía hablando como estúpido—, ¿qué decís?
—Colaboraré sólo si dejas de hablar como el primer idiota que viste en la televisión,— impuse, aunque en realidad estaba ansiosa por poner en práctica su plan.
—Te dije que iba a decir eso,— dijo Dante.
—Pero porqué os ponéis en mi contra,— se quejó Daniel y luego añadió:—Ya, está bien.
—Bien, ahora tenemos que decidir cómo entrar en el cuarto de Vincent sin que él se entere,— declaró Dante.
— ¿No se las vamos a pedir?—, pregunté.
—¿Estas loca? No nos las va a pasar pacíficamente, las vamos a tomar, las usamos y luego las devolvemos como si nada hubiera pasado.
—El plan es que tú lo distraigas mientras nosotros entramos y tomamos lo necesario—, explicó Daniel.
Así fue como yo, acabé tocando la puerta al cuarto de Vince, él me abrió, seguramente sus ojos estaban sorprendidos de ver a la solitaria Sara tocando a su puerta.
—Tengo un problema y necesito que me ayudes,— fui directa. En cierto modo, sí necesitaba de su ayuda, pero no de esta forma.
—Claro, ¿qué necesitas?—, escuché un timbre de asombro en su voz.
Lo llevé hasta la planta baja del hotel, donde había una gran cantidad de agua almacenada, siempre había tenido curiosidad por saber que era y estaba aprovechando la situación.
—¿Qué es?—, pregunté apuntando al contenedor que agua. Había abierto mis ojos sólo para observar el extraño sitio en el que estaba.
—Es una piscina, — respondió con facilidad, por supuesto, probablemente no había cosa aquí que él no hubiera visto caer desde el Soumnoss.—Puedes nadar en ella, aunque nunca lo he intentado.
—En el Soumnos no hay agua,— recordé con un poco de melancolía.
—Si quieres nadar, el mejor método es que entres en el agua y lo intentes, pero pide a alguien que te vigile, podrías ahogarte. Te conseguiré algunas revistas sobre el tema por si te interesa.
—¡Sí!—, respondí entusiasmada mientras observaba mi reflejo en la piscina.
Yo no era particularmente habladora, asique no sabía que decirle a Vince mientras volvíamos a nuestro piso, ojalá los gemelos hayan encontrado lo que buscaban.
Él se despidió y entró a su cuarto, mi corazón latía asustado de que Daniel y Dante no hayan completado su parte, pero entonces una voz detrás de mí me tranquilizó.


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