Capítulo 5: El Hospital

Despertar ~ Episodio 5: El Hospital

9/10/2012Yami Krismiya



—Ya está, podemos irnos,— dijo Daniel mostrando un pequeño e inofensivo frasco en su mano.
—¿Cómo supieron cuál era?—, pregunté incrédula.
—Digamos que ha tenido que usarlo con nosotros un par de veces, pero son largas historias, demasiado complejas como para explicar ahora,—dijo Dante pasando su brazo por mis hombros y levantando su mano disponible en un puño.—Debemos irnos a la aventura.
Llegamos al hospital, nos costó más de lo esperado, al parecer ninguno de nosotros tenía un buen sentido de la orientación.
—¿Cuál será la habitación del viejo?—, preguntó Daniel.
Eran cerca de las seis de la tarde, si no nos apurábamos el horario de visita se iba a terminar antes de poder encontrar al jardinero.
—¿Cuántas habitaciones habrán?—, pregunté.
—¿¡Cómo se supone que actúa una persona cuando visita el hospital!?—, inquirió Dante.
Ninguno de nosotros tenía idea de qué hacer, ¿dónde estaba Vincent, el experto en vida humana, en este momento?
—Esta bien, lo haremos como en la televisión—, dijo Daniel al cabo un rato.— Mi hermano y yo seremos los pacientes y tú serás la enfermera.
—¿Enfermera?—, pregunté.
—Sí, son las encargadas de cuidar a los enfermos, así podrás entrar en todas las habitaciones sin levantar sospechas y cuando encuentres al viejo nos puedes ir a buscar.
—¿Quieren que sea una enfermera?—, los gemelos asintieron.—Bueno... Díganme, ¿¡qué clase de idiota creen que soy!? ¿Piensan que no he aprendido nada de este mundo? ¿¡O creen soy demasiado tonta como para no saber que en la televisión todos quieren tirarse a la enfermera!?
—Por favor, con tu carácter no creo que nadie quiera meterse contigo,— dijo Dante sin inmutarse.
—Creo que tienes una muy mala visión de las enfermeras, ¿qué clase de programas has estado viendo en la televisión, pervertida?—, añadió su hermano.
—¡No puedo creer que piensen así de mí!—, les grité furiosa, sacando mis espada para golpearlos con la parte plana, sin filo.
Los perseguí por todo el estacionamiento hasta que me di cuenta que estábamos perdiendo tiempo, ya eran más de las siete y aún no teníamos ningún plan. Decidí posponer mi venganza y nos dispusimos a entrar por el techo del hospital, no era problema llegar hasta ahí pues nuestros cuerpos eran veloces y capaces de saltar grandes alturas, asique fuimos saltando con ayuda de los marcos de las ventanas y finalmente llegamos al techo.
—Supera esto James,— dijo Daniel.
—¿Quién es James?—, pregunté.
—James Bond,— clarificó su hermano.—Déjalo, no está en su sano juicio.
Entramos en una especie de almacén, con cuidado abrimos la puerta y salimos una vez que estuvimos seguros de que nadie estaba mirando.
Entonces lo sentí, el olor me golpeó con toda su fuerza, aturdiéndome. Los monstruos de Soumnoss nunca iban en grupos y sin embargo, este sitio estaba repleto de ellos. De seguro ellos también habían notado ya nuestro olor en el aire, asique nos apresuramos en cerrar la puerta del almacén lleno de medicamentos.
Me apoyé en la puerta y dejé que mi cuerpo cayera lentamente hacia abajo, me senté en el suelo y acerqué mis rodillas a mi rostro con ayuda de mis manos, una posición a la que me había acostumbrado dentro del Soumnoss, cerré los ojos e intenté pensar en una solución.
—¿Qué hacemos?—, preguntó Dante recordándome su presencia y la de su hermano.
—Son tomaformas, han suplantado a los médicos del hospital,—dijo Daniel.
Los tomaformas eran unos monstruos del Soumnoss capaces de tomar la forma que ellos quisieran, por más abstracta que esta sea, no eran tontos asique debíamos idear un buen plan si queríamos burlarles.
—Podríamos confundir su mente, pero son demasiados, el efecto no duraría mucho,— dijo Dante.
Hace mucho tiempo, lo más probable es que la criatura que se mezcló con la sangre de la familia de los gemelos haya sido un "ilusionista", pues estos son capaces de alterar la mente de sus enemigos, causarles sensaciones que en realidad no tienes y les hacen ver cosas que en realidad no existen. Ellos podían hacer lo mismo que su antepasado, lo cual siempre les había sido de mucha ayuda.
A veces poníamos nombre a los monstruos del abismo, era una clasificación de las especies que nos ayudaba a conocer mejor sus habilidades y saber a lo que nos enfrentábamos.
—¿Podrías hacerte pasar por un tomaformas? —, preguntó Daniel.
Mi antepasado de seguro era un tomaformas, porque yo también podía cambiar mi físico y hacer que mi cuerpo adoptara distintas formas. Aunque no era tan fácil como se oía, los tomaformas podían cambiar por naturaleza, yo tuve que entrenar mi cuerpo para conseguir los mismos resultados, lo mismo pasaba con los gemelos y con todos los híbridos que tenían habilidades de sus antepasados. Osea, todos nosotros.
—No lo creo, detectarían mi esencia humana,— respondí.
—¿No hay medio pacífico para entrar?—, preguntó Daniel como si no fuera obvia la respuesta.
—¿Plan B?—, inquirió su hermano, le miré curiosa por saber el plan B.
La puerta que se encontraba detrás de mí se abrió de golpe, los gemelos saltaron fuera de la habitación con un grito de batalla que llamó la atención de todos los monstruos. No estaba preparada para que la puerta se abriera de la nada, asique caí de espaldas y desde el suelo pude ver como se preparaban para atacar, sus brazos se extendieron y de ahí salieron dos cuchillas, una por brazo, Dante y Daniel tenían la extraña habilidad de hacer que de cualquier parte de su cuerpo salieran peligrosos cuchillos, como si en vez de sangre tuvieran metal, esta vez convirtieron sus brazos, y con ellos atravesaron el pasillo corriendo a toda velocidad, mientras cortaban por la mitad a todos los que se encontraban en su camino, desaparecieron rápidamente y pude escuchar a lo lejos los gritos de sus víctimas.
—Con que este era el plan B,—suspiré y luego añadí.—Menudo par de idiotas que me tocó.
Golpeé el suelo con mi puño, frustrada por haber permitido que me dejaran atrás. Rápidamente me puse de pie y corrí por el pasillo, con los ojos cerrados, dejando al resto de mis sentidos guiarme, como siempre lo habían hecho. Aunque no veía nada, el olor a sangre era increíblemente fuerte, casi abrumador, se me revolvía el estómago al imaginarme la escena, especialmente cuando por accidente pisaba los suaves cuerpos tendidos en el suelo.
Me di cuenta que la técnica de lucha de Dante y Daniel se basaba en el trabajo en equipo, debido a que su arma iba dentro de su cuerpo ellos por obligación necesitaban tener cercanía con el enemigo para poder atacar, pero si atacaban los dos al mismo tiempo, de forma rápida y eficaz, eran capaces de acabar con un ejercito como este.
Los alcancé en una pequeña habitación, cuando abrí los ojos noté que estaba llena de letreros con calaveras y advertencias, había una enorme maquina circular en el centro y una especie de tabla cruzada dentro del círculo. La reconocí gracias a un programa que había visto hace poco, aquí se hacían los rayos x.
—Masacre en el hospital, ¿qué tal suena?—, preguntó Daniel mientras retiraba su largo cuchillo del cuerpo de un hombre que yacía en el suelo, con su bata blanca empapada en sangre.
—No, no es lo suficientemente llamativo, ¿qué te parece Baño de Sangre en el Hospital?—, respondió su hermano.
Intenté ignorar al tomaformas que se encontraba en el suelo y usé el tono de voz más autoritario que tenía:—¿Qué están haciendo?
—Imaginamos que esto es una película y le estamos escogiendo el título,— dijo inocentemente Daniel.
—¡No me refería a eso!—, grité histérica, la sangre continuaba emanando del cuerpo del tomaformas, a pesar de que era un monstruo sin una forma física definida, verlo ahí como si fuera un humano, como si fuera físicamente similar a mí.... Estaba matando mis nervios.
—No te alteres, el piso está limpio. Ya podemos ir a buscar al viejo, darle la medicina y largarnos de aquí,— dijo Dante como si ese fuera un gran plan.
—No puedes estar hablando en serio,— le dije.— ¿Tienes idea de a cuantas...? Está bien, no son personas, pero tenemos que encontrar a los verdaderos doctores y hacer que... no sé, el punto es que no podemos dejar este sitio así.
—¿Y cuál es el plan?—, preguntó Dante.
—El plan es no dejarlos inventar un plan y arreglar la situación.
—No entiendo tu forma de pensar—, sonó como si Daniel me estuviera reprochando.
—Tenemos que...—, me paré en mitad de la frase por que me di cuenta de que yo no iba a poder tocar ninguno de los cadáveres sin querer desmayarme.—Tienen que recoger a los muertos del suelo y deshacerse de esos cuerpos.
—¿Y qué harás tú mientras tanto?—, preguntó Daniel, como si hubiera leído mi mente.
—Yo...—, yo iba a esperar aquí hasta que tuvieran todo listo, no podía decir eso, a pesar de que era mi plan inicial, —Buscaré a los médicos para que alteren sus recuerdos.
—No podemos alterar recuerdos,— me recordó Dante.
—¡Para que hagan algo útil con sus mentes!—, grité.
Al ver mi cara furiosa los gemelos dejaron de intentar rebatirme y corrieron a hacer lo que les había ordenado, mientras tanto yo intenté caminar calmadamente por los ensangrentados pasillos, ya no podía cerrar los ojos y escaparme a mi pequeño mundo feliz, no conocía el olor de los humanos desaparecidos, asique no tenía forma de encontrarlos a menos que mantuviera mis oídos y mi vista muy atentos.
Iba caminando, sintiendo más y más náuseas en cada paso, veía los cuerpos humanos rodeados de sangre, con finos cortes en su cuerpo, como si hubieran sido hechos por un asesino profesional, muchos estaban decapitados y con los ojos desorbitados, algunos ni siquiera tenían pupilas.
Y entonces, me congelé en medio del pasillo, cuando una idea se deslizó como una serpiente dentro de mi cabeza, llenándome de miedo, desbocando toda mi adrenalina alrededor de mi cuerpo. Esto no era un hospital en realidad, habíamos sido engañados, esto era solo una ilusión mental mal hecha, en la que habíamos caído, era absolutamente imposible que después de haber escuchado todos esos gélidos gritos de terror, ningún paciente se haya movido de su cuarto, que la policía no hubiera llegado después de que las cámaras de seguridad gravaran a los gemelos matando atolondrados y sin piedad.
Di media vuelta y corrí a reencontrarme con los gemelos, no sabía que clase de ilusión era esta, pero sin duda la había creado una criatura poderosa. Maldición. ¿Cómo es que no me había dado cuenta? Ahora estaba atrapada en medio de una ilusión, una falsa realidad y ni idea de como salir.
Recorrí todo el hospital y no encontré a los gemelos, al principio tuve miedo, pensé que probablemente ellos también eran un engaño. Comencé a pensar, desesperada, el olor a sangre seguía saturando la atmósfera, mis zapatillas alguna vez blancas, ahora estaban cubiertas de un rojo carmesí y mis sentidos estaban desorbitados, ya no sabía que hacer, pero no quería que mi mente perdiera el control o ahí sí que estaría perdida.
El suelo comenzó a romperse bajo mis pies, se desarmaba como si fuera vidrio y caía a lo que parecía un enorme abismo. Retrocedí, intentando llegar a las baldosas que se veían más firmes, necesitaba pensar rápido en un plan de escape, tenía que salir de esta estúpida ilusión, pero no se me venía ninguna idea útil a la cabeza.
Finalmente el encanto llegó a la última baldosa, ya no tenía como escapar, intenté concentrarme en que sólo era una ilusión, que la podía romper si lo intentaba, pero mi mente estaba demasiado desesperada como para ayudarme con eso. Cuando la baldosa comenzó a caer junto conmigo, sentí un terrible grito emerger de mi garganta, raspando mis cuerda vocales y haciendome sentir un terrible dolor, solo entonces se rompió el hechizo.
Abrí nuevamente los ojos, todo lo que veía tenía un toque rojizo, no recordaba bien qué había pasado, sentía como si un capítulo de mi vida acababa de ser borrado. Intenté concentrarme en saber en dónde me encontraba y luego me encargaría de saber cómo llegué aquí.
Había un montón de árboles alrededor de mí, el pasto rodeaba todo el lugar, pero mis pies estaban demasiado lejos como para alcanzar a tocar el pasto teñido de rojo. Un lugar extrañamente familiar, pero que no recordaba del todo bien.
Entonces recordé la portada del diario y lentamente los recuerdos comenzaron a llegar a mí, estaba en el parque donde encontraron al viejo jardinero grave, había llegado aquí con los gemelos, pero unas criaturas llamadas "captores" nos habían atrapado. No eran muy comunes, ni siquiera pensaban mucho, actuaban por instinto, aprisionaban a sus víctimas dentro de ellos y lentamente comenzaban a degradar su comida, si lo pudiera comparar con un animal del mundo humano, probablemente sería una especie de medusa o calamar color rojo, que flotan por el aire, ligeros y muy silenciosos. Lo peor es que nadie los puede ver, a menos que realmente quiera verlos, en otras palabras, no tenía muchas posibilidades de huir.
Miré hacia todos lados, la gente pasaba por mi lado ignorando mi presencia, atravesaba el captor como si no estuviera ahí. Intenté recordar qué me había pasado, pero la cabeza aún me daba vueltas.
No sabía bien en qué momento había comenzado la ilusión, me costaba diferenciar lo que había sido real de lo que era mentira. No le veía mucho sentido a hacerme ver una ilusión dentro del captor, hace un rato estaba segura de que todo era una trampa de un ilusionista, pero ahora me encontraba totalmente confundida. Busqué por los alrededores algún rastro de los gemelos, pero no los encontré. Mi cuerpo se sentía inmóvil, no podía moverme y así no podía idear un plan de escape.
Había una especie de líquido viscoso rodeándome, parecía como si fuera una especie de calmante, pues me provocaba una sensación de calma increíble, me tuve que repetir constantemente que en cualquier momento el captor podía digerirme. Era extraño que pudiera respirar y ver a través del líquido. Me di cuenta que tal vez no todo estaba perdido para mí.
Yo llevaba sangre de algún tomaformas en mis venas, esa sangre había corrido de generación en generación por mi familia hasta que acabó mostrando todo su poder conmigo, era una deducción de la cual estaba completamente segura pues había heredado una habilidad bastante particular de mi antepasado, que era justamente la de cambiar mi aspecto físico y adoptar distintas formas, claro que no era una experta en el tema, pero tal vez podía convertirme en el extraño líquido que me recubría, para confundir al captor y hacer que me soltara.
Cerré mis ojos y me concentré en cada parte de mi cuerpo, intentado cambiar mi estado físico, tomando en cuenta la densidad, el color y todas las características del extraño líquido, a medida que obligaba a mi cuerpo a tomar una forma tan desagradable. Lo peor vino cuando el captor me liberó, fue como si me escupiera fuera de su boca, por favor, ¿en serio yo tenía tan mal sabor? Al menos, ahora estaba libre.
—Buena forma de liberarte,— reconoció una voz familiar, me volteé y vi que el dueño de la voz y su hermano salían de su escondite detrás de un montón de árboles.
—¿Qué fue lo que pasó?—, pregunté.
—Todo iba bien hasta que llegamos al hospital, esa cosa te atrapó afuera y nosotros nos escondimos para no tener la misma suerte, el problema era que no sabíamos cómo sacarte,— explicó Daniel.
—Hemos perdido al menos unas Tres horas fuera,— agregó Dante.
—¿Tres horas? He estado buscandolos cinco horas,— dijo una voz conocida. Cuando miré, encontré a Jared apoyado en un árbol, mirandonos con desaprobación.
—¿Cinco horas? ¡Eso es terrible!—, exclamó Daniel.
—No te burles, no se imaginan lo preocupados que estábamos,— reprochó Jared.
—No me refiero a eso, es que seguramente me perdí la noche de cine que iban a dar en el canal siete,— se quejó Daniel. Con o sin ilusiones, creo que seguía siendo el mismo.
—Creo que él no tenía muchas ganas de ver la noche de cine,— susurró Dante al ver la mirada molesta de Jared.
—Calma, lo importante es que estamos todos bien,— dije intentando tranquilizar la situación. Creo que funcionó, pues el molesto rostro de nuestro líder se suavizó un poco antes de que continuara hablando.
—Venga, volvamos al hotel.
—Es que... —, tartamudeó Daniel, pensando en una buena excusa.
—Vincent se está encargando de eso, cuando vimos que faltaba uno de los medicamentos no nos costó deducir quienes lo habían tomado,— Jared lo hizo sonar como si siempre hiciéramos cosas malas.
Aún me sentía cansada, medio arrastré mis pies rumbo al hotel que afortunadamente no quedaba tan lejos.
Esperamos a que Vincent y Cammie volvieran del hospital, donde estaban intentando sanar al viejo jardinero, pero cuando volvieron, sus rostros se veían preocupados, agitados y habían manchas de sangre en su ropa.
—Algo terrible pasó en el hospital,— dijo Cammie entre jadeos.
—Han sido monstruos del Soumnoss, han atacado a todos los pacientes y a los médicos, han rebanado a todos los que se encontraban en el hospital, — explicó Vincent.
Me puse de pie, con las manos temblando, si mi teoría era cierta, probablemente yo había visto lo ocurrido en mi ilusión, pero eso no tenía sentido. Yo no tenía poderes para ver el futuro y era ilógico que el captor me lo hubiera mostrado, ya sé que por su escasez eran criaturas extremadamente enigmáticas, ninguno de nosotros había tenido un encuentro real con ellos, simplemente conocíamos su existencia.
—¿Qué pasa?—, me preguntó Jared.
Les conté todo lo que había pasado, lo que había visto, pude sentir los toques desesperados de mi voz, pero continué relatando hasta que pude sentir mis lágrimas correr por mi rostro. Creo que la escena del hospital me había asustado más de lo pensado.
Hacía tanto tiempo que no lloraba, casi había olvidado como se sentía, pero esto no era tristeza, era miedo, de pronto quería volver a encerrarme en la zona más profunda del Soumnoss donde nadie me molestaba, donde mi vida se traducía en caza y evitar ser cazada, sin duda era mucho más sencillo.
Jared se puso de pie y me abrazó, Cammie se acercó y acarició mi cabello, Vince posó su mano en mi hombro como señal de apoyo.
—Nos han dejado sin espacio,— se quejó Daniel.
—¡Gran abrazo grupal!—, exclamó Jared, al instante todos se abalanzaron encima mío para dar un fuerte abrazo, mientras gritaban.
Me di cuenta que este apoyo me había hecho falta todo este tiempo, no pude evitar sonreír mientras los escuchaba festejar, como si no hubiera una masacre en un hospital a unas cuadras.
Recuerdo que antes éramos así, hacía tanto tiempo que muchos habían olvidado el motivo de nuestra separación, pero yo no.


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